02/08/2021

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El dinero tenemos que convertirlo en la dinero y otros postulados feministas

Prueba 4

Webinar. Una de esas cosas que han florecido con la pandemia. El peor palabro de los nuevos tiempos. Me he apuntado a uno sobre ‘Liderazgo de la mujer como motor de la transformación social’ moderado por Begoña Gómez, la mujer del excelentísimo señor presidente del Gobierno. Es la directora de la Cátedra de Transformación Social Competitiva, creada por la Universidad Complutense de Madrid, la Fundación la Caixa y Reale Seguros. Cuando se presentó este chiringuito del sector servicios (porque lo es más de ahí que del sector educativo) dijo que se había creado «con el fin de solventar las demandas sociales». Y que se trataba de «incrementar el estado de bienestar». No puedo estar al margen de estas cosas. El webinar de liderazgo, el encuentro on line de la cátedra de doña Begoña fue el martes 9 de marzo en el Círculo de Bellas Artes, aunque yo lo vi desde mi cocina, como una mujer cualquiera. No digo como María Moliner. Como mi abuela.

Siete mujeres, como en la película de Ford. Y la señora Gómez presentando y moderando. Chaqueta y pantalones azules, taconazos claros, camisa blanca, mascarilla de su cátedra (TSC) y la ruleta de la fortuna de la agenda 2030 en una solapa. 2030 es hasta cuando va a estar su marido de presidente del Gobierno visto lo visto (visto lo que tiene dentro del Gobierno y lo que tiene enfrente). Hay que reconocer que Begoña Gómez (BG) es rubia, alta, atractiva, delgada y habla bien (no tiene el tonito de una Irene Montero). Aunque diga esas cosas que ya sabemos que va a decir. Sobre todo, cuando el director del Círculo de Bellas Artes, que alertó contra la ultraderecha, que se opone a los movimientos que quieren conseguir la igualdad, recordó que la igualdad salarial está prevista para 2060 y la de género para 2080. «Nos hemos reunido porque consideramos que es necesario reflexionar sobre la necesidad de acelerar e impulsar el liderazgo de la mujer», dijo ella. O «Tenemos que recuperar derechos porque la pandemia ha dejado derechos debilitados. Tenemos que conseguir igualdad de oportunidades en puestos medios y altos. En el IBEX sólo dos empresas tienen presidentas». O «No queremos empresas extractivas, queremos empresas de retorno, inclusivas». «Y que incorporen en sus estrategias al menos tres ODS». Esta es otra, ya saben que en 2015 la ONU aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, agenda para mejorar la vida de todos. La agenda tiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles. Los ODS son como el mambo, con números. El ODS 5 es la igualdad de género. El 10, la reducción de las desigualdades. Y si usted no habla de ODS no está en este mundo.

Tras su presentación, BG presentó a las otras participantes. Cuando se dirigía a los extremos cruzaba las piernas de tal manera que yo estaba temiendo que no pudiera deshacer el nudo. Como si la canción de Elsa Baeza ahora fuera feminista, allí había periodistas, ingenieras, escultoras, cocineras, emprendedoras… Se habló de resiliencia, empatía, implementar y hasta de la Comuna de París. Decían mucho (incluso las que parecían más listas) «poner en valor». BG intervenía bastante, se gana el sueldo. Y no sólo para preguntar o dar paso. «Tenemos que formar parte por derecho y por economía». O «Necesitamos referentes y referentes de igual». Pero espera, que Isabel Garro, de Planner Media, dijo: «El Covid-19 es una anécdota con lo que nos viene con el cambio climático». Demonios. Menos mal que Michael Shellenberber ha escrito «No hay apocalipsis. Por qué el alarmismo medioambiental nos perjudica a todos» (Deusto). Por tener otra opinión.

BG insistía en trabajar en red, en la sororidad, en la perspectiva de género. «La recuperación será con nosotras o no será». «Las personas que toman las decisiones mayoritariamente no son del género femenino». «Nuestra manera de pensar es mucho más solidaria». «Trabajamos en red, con más retorno». Charo Izquierdo se escandalizaba de que el 8 de marzo el periódico ‘Expansión’, «el único dirigido por una mujer», no llevara en portada el Día de la Mujer. Y la escultora Pilar Vicente de Foronda aseguró que las mujeres «estamos viviendo un genocidio histórico». Esta señora era la más extremista, las otras eran como usted y como yo. O no. Puso imágenes de ‘Pasiones mitológicas’, la exposición del Prado. Y puso bonico al comisario (en realidad son dos, Miguel Falomir y Alejandro Vergara) por cómo había contado la Venus del Delfín. ¡Violaciones! También se quejó de más ¡violaciones! en los cuadros de Rubens. Supongo que el comisario al que se refería era Alejandro Vergara. O sea, mitología, erudición y conocimiento frente a las nuevas monjas que se olvidan hasta del nombre de Sor Juana Inés de la Cruz (y nadie salió en su ayuda). Que ya está bien del discurso patriarcal al uso de violencia contra las mujeres. Begoña asentía. Que le gustaría decir al comisario que tomara el mito de Filomela. Madre. Filomela y su hermana Procne, para vengarse de las tropelías de Tereo (violaciones y más cosas) mataron al hijo del marido, lo cocinaron y se lo dieron de comer. Las burradas llegaron a tanto por parte de todos (y todas) que los dioses los transformaron a los tres en aves.

Pero debo reconocer que mi frase favorita de todas fue la que pronunció la de Planner Media, que ni iba vestida de morado ni levantó el puño izquierdo (como a la que no le gusta Rubens). Ahí va: «El dinero tenemos que convertirlo en la dinero». Amárrame los pavos. Y las pavas. La dinero suena a cabaretera o cupletista.

A BG no le gusta que digan que las mujeres no se ayudan entre ellas. «Ese comentario está infundado y es para perjudicarnos». Preguntó a la cocinera qué le parece esa frase de que «Las mujeres cocinan con el corazón y los hombres con la cabeza». «Pues una tontería», zanjó María José San Román. BG también tenía una teoría sobre la desigualdad entre hombres y mujeres: «Yo siempre pongo un ejemplo. Hace 80 años no se nos abrían las puertas para trabajar. Es una carrera de fondo y para los hombres el pistoletazo de salida fue hace muchos años. A nosotros nos tendrían que haber dado el pistoletazo a la vez. Si no, no vamos a llegar». Sobre que las mujeres lloramos (¿y qué?), BG saltó: «Ellos también lloran». Y no pude menos que imaginarme a Pedro Sánchez llorando, no sé, por las peleas dentro del Gobierno. Por la muerte de un etarra. Por lo último que le ha dicho Rufián («Si siguen así acabarán celebrando lo de Puigdemont en sus casas en lugar de en la Moncloa»). Rufián da mucha risa.

No sé si esta charla habrá servido de algo, pero yo he aprendido muchísimo. Me quedo con La Dinero, claro.

Prueba 2
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